En poco más de un trimestre desde que empezó el curso escolar, he conocido varios casos de alumnos que quieren abandonar sus estudios. No les gustan las asignaturas que están cursando, las clases se les hacen muy cuesta arriba y no se ven trabajando en esa profesión.

Esta situación es más habitual de lo que parece. Sobre todo en alumnos universitarios, más que en alumnos de Formación Profesional.

¿Por qué pasa esto?

Generalmente, la principal razón es haber elegido sin informarse en profundidad de los estudios: asignaturas (no solo sus nombres, sino el contenido de cada una), plan de estudios completo, metodología de las clases en la universidad, para qué te preparan esos estudios, salidas profesionales…

También hay un porcentaje de alumnos que quiere abandonar por falta de adaptación. El primer año se produce un choque que a muchos estudiantes pasa factura. Vienen de colegios o institutos en los que todo era más sencillo y al llegar a la universidad descubren que aprobar requiere mucho más esfuerzo del que pensaban.

¿Qué se puede hacer?

En primer lugar, mantener la calma. No precipitarse. Siempre les digo a los alumnos que deben darle una oportunidad a la carrera. Al menos cursando el primer año completo (y comprometiéndose a aprobar el mayor número posible de asignaturas). Esto es fundamental, incluso cuando tienen claro que al año siguiente van a cambiar de estudios. Ahora os explicaré el porqué.

El segundo paso es averiguar los plazos y requisitos para cambiar de estudios. Para ello deberán consultar con la universidad de destino y marcar a fuego en el calendario las fechas clave para no quedarse fuera por un despiste de calendario.

Existen dos vías para solicitar el cambio de grado:

1) PROCESO GENERAL DE ADMISIÓN: implica volver a realizar la preinscripción como si se llegase por primera vez a la universidad. No es necesario repetir de nuevo la Evau (Selectividad) aunque sí muy recomendable, sobre todo si la nota de corte de esa carrera es más alta que la nota de acceso del alumno.

La Evau se puede repetir completa o solo algunas asignaturas, con la tranquilidad de que nunca se podrá bajar la nota. Lo que hay que tener claro es que por esta vía el alumno compite con todos los alumnos recién salidos de Bachillerato que llegan a la universidad por primera vez.

2) CAMBIO DE ESTUDIOS: se trata de un itinerario específico para los alumnos con estudios universitarios ya comenzados. El cambio solo se puede realizar entre grados oficiales y es necesario tener 30 créditos aprobados y reconocidos en la nueva titulación que se quiera estudiar.

En este caso el alumno solo compite con otros universitarios que desean cambiar de grado igual que él. Aunque la cifra de alumnos que solicita el cambio por esta vía es mucho menor, las plazas también son muy escasas. Hablamos de 2, 3 ó 5 las plazas para los alumnos que optan por esta vía (incluso hay universidades que no permiten el cambio de estudios en determinados grados).

¿Qué criterios tiene en cuenta la universidad para conceder el cambio?

Uno de los criterios es haber aprobado (y que se le reconozcan) al menos 30 créditos (o lo que es lo mismo unas 5 ó 6 asignaturas). De ahí la importancia de esforzarse por aprobar (y con buena nota) el mayor número posible de materias, aún cuando se tiene claro que el curso siguiente se va a cambiar de carrera. Las universidades también tienen en cuenta la afinidad entre ambos grados, el expediente académico, la nota de acceso a la universidad…

Un detalle importante: ambas vías no son excluyentes y se recomienda probar con las dos en paralelo para tener más opciones.

Mi recomendación para los padres

Si os encontráis en esa tesitura en la que vuestro hijo/a quiere cambiar de grado, os animo a que le ayudéis a hacer un trabajo de reflexión sobre los verdaderos motivos de su deseo de abandonar la carrera.

Animadle también a hacer una exploración profunda del grado que más le atrae y hacia el que quiere dirigir sus pasos.

Y por último, desdramatizar. No pasa nada por cambiar de estudios. Es preferible eso que seguir en una carrera que claramente no le interesa (ni tampoco las profesiones a las que puede optar cuando termine).

Lo importante es aprender de los errores y no verlos como un fracaso, sino como parte del aprendizaje.

No existe ninguna carrera 100% perfecta. En todas encontrarás asignaturas que te encanten y otras que no te gusten demasiado. La clave es ponerlas sobre la balanza y que pesen más las que te gustan sobre las que no.